Obstáculos de los Pensamientos del Pasado

En muchas de las preguntas, las personas comentaron que no pueden detener los pensamientos en su mente cuando meditan.

Se dice que, al comenzar la práctica de la meditación śamatha, debemos detener los pensamientos sobre lo que ocurrió en el pasado, lo que sucede en el presente o lo que sucederá en el futuro.

Al hablar de detener los pensamientos, es importante comprender cómo hacerlo: ¿cómo debemos detener esos pensamientos?

Para ello, necesitamos comprender la naturaleza de los tres tiempos. Entonces podremos dejar de pensar en ellos y reconocer que los pensamientos al respecto son una ilusión, un estado mental de confusión.

¿Cómo podemos dejar de pensar en el pasado? Algunas personas recuerdan cosas que sucedieron antes y dicen: “Cuando era joven, mis padres abusaron de mí; eso me traumatizó de por vida y ahora todavía sigo sufriendo por ello”.

Cargan con ese sufrimiento durante toda su vida, aunque ya todo haya pasado y no exista ningún problema en este momento; aun así, llevan el sufrimiento en su mente y siguen recordándolo.

Esto puede llevarlos al suicidio, aunque no exista un problema externo. Hemos escuchado muchos casos así, relatados por los discípulos.

Esto es un engaño, un aferramiento a algo que ni siquiera está sucediendo en realidad. Se dice que si deseas saber qué hiciste en el pasado, observa tu cuerpo presente.

En el pasado, realizamos acciones con un estado mental aflictivo, pero al no comprenderlo, culpamos a nuestros padres, por ejemplo, por habernos maltratado, y seguimos pensando en ello.

Pero ¿qué beneficio tiene seguir pensando en ello? Ese es el problema que surge de no comprender el dharma, porque entonces no comprendemos el karma.

Si comprendes el karma, resulta muy sencillo. Incluso si te ocurrió algo muy malo en el pasado, pensarás: “Ahora todo ha pasado, así que el sufrimiento en realidad no es tan grave. Estuvo ahí antes y ahora ha desaparecido”.

Entonces podemos simplemente soltarlo; ya no queda nada de eso aquí. Podemos cerrar la puerta a esa experiencia y dejar de pensar en ella. Eso sucede cuando comprendemos el karma.

Una persona así no sufre, porque simplemente deja ir lo que sucedió. Como experimentó sufrimiento anteriormente, a menudo comprende de verdad qué es la felicidad. Se vuelve consciente de la felicidad, del bienestar.

Alguien que nunca ha experimentado dificultades se sentirá abrumado por el más mínimo problema y pensará que es el mayor de los problemas. Pero quien comprende el sufrimiento no sufrirá tanto, incluso si se enfrenta a un gran problema.

No pensará que es un problema tan grave. Podrá soltarlo con facilidad. Gracias a su experiencia, habrá aprendido a valorar el bienestar. Quien nunca sufre no puede valorar el bienestar.

Por ejemplo, en el Tíbet tenemos a lo sumo tres meses de verano; fuera de eso, casi nunca ves flores ni nada verde: es hielo, desierto, tierra. Cuando era joven, eso era todo lo que conocía.

De niño pensaba: “¿No sería un lugar maravilloso si el sol nunca cambiara, si nunca llegara el invierno?”. Como en el Tíbet teníamos invierno la mayor parte del tiempo, pensaba que un lugar donde siempre fuera verano y nunca invierno sería como una tierra pura, el mejor lugar.

Esa idea cambió cuando fui a Taiwán, donde siempre hace demasiado calor y nunca llega el invierno. Allí deseas que por fin sea invierno, pero el calor es constante.

Solo cuando experimentas eso puedes valorar el cambio de estaciones entre el verano y el invierno. Antes de experimentar la incomodidad, nunca valoras el bienestar. No lo reconoces.

Lo que esto demuestra es que todo depende de la manera en que nuestra mente ve las cosas; no tiene nada que ver con lo que realmente sucede en el entorno externo. Se trata únicamente de cómo lo percibimos.

Si comprendemos el sufrimiento, también valoraremos la felicidad y la percibiremos de un modo distinto. Al comprender el karma, reconocemos que la causa de la felicidad es el amor, por lo que generamos más amor.

Si sufrimos, sabemos que es el resultado del aferramiento a un yo y de las aflicciones. Entonces, al reconocer que esas aflicciones siguen presentes en nuestra mente, podemos asegurarnos de no generar más causas de sufrimiento para el futuro.

Entonces, pase lo que pase, hagas lo que hagas, nada te abrumará. No te aferrarás a nada en absoluto. Podrás soltar cualquier cosa que haya ocurrido en el pasado, como si la tiraras a la basura.

Eso con respecto al pasado. Así es como podemos comprender el pasado para dejarlo ir.